Del 21 al 26 de septiembre, las juventudes de Diamante y Boca Manu encontraron en el arte un espacio para expresarse, reflexionar y compartir sobre su bienestar y el cuidado del territorio
Arte, biodiversidad y bienestar: así se vivió un festival pensado para las juventudes del Manu
En las instituciones educativas de la Comunidad Nativa Diamante y el Centro Poblado Boca Manu, en Madre de Dios, hablar de bienestar implica además mirar el territorio. La violencia y el embarazo en la adolescencia pueden afectar el bienestar y la continuidad de las trayectorias educativas de estudiantes Yine y Matsiguenka, en un contexto donde también existen presiones sobre la biodiversidad.
En el Perú, la tasa de embarazo adolescente disminuyó de 12,7 % en 2015 a 8,4 % en 2024 (UNICEF 2024). Sin embargo, todavía persisten importantes brechas entre las adolescentes que viven en zonas rurales, indígenas y de la Amazonía. En el Manu, por ejemplo, la tasa de embarazo adolescente alcanza aproximadamente el 19 %, lo que evidencia la necesidad de desarrollar propuestas educativas que respondan a las realidades y necesidades de las juventudes amazónicas.
“El Programa Horizontes Amazonía busca fortalecer el servicio educativo a través de una propuesta pedagógica adecuada a la realidad amazónica e indígena. Un elemento fundamental es el bienestar socioemocional de las y los estudiantes, porque fortalecer estas condiciones también permite generar aprendizajes significativos”, explica Enrique Herrera, gerente de Educación de FZS Perú.
Desde esta mirada surge una pregunta: ¿cómo generar espacios donde las y los adolescentes puedan expresarse, escucharse y reflexionar sobre aquello que viven? El Festival de Arte, Biodiversidad y Bienestar para las juventudes del Manu partió de esta pregunta para, durante seis días, abrir espacios de diálogo y expresión a través del arte, abordando temas de bienestar, prevención y cuidado del territorio junto a estudiantes de Diamante y Boca Manu.
El arte fue el punto de partida para llevar estas conversaciones a la práctica. Los artistas Mateo Zeizer y Yanaki Herrera acompañaron a las y los estudiantes en experiencias de creación como la muralización colectiva y el teatro de rollos. A ello se sumó la participación del Centro Emergencia Mujer (CEM), que desarrolló espacios con docentes para fortalecer la prevención y la actuación frente a situaciones de violencia.
Durante el festival, cerca de 60 estudiantes y 18 docentes participaron en experiencias que combinaron aprendizaje y creación colectiva. El arte permitió abordar temas como los cambios durante la adolescencia, la prevención y la toma responsable de decisiones.
La propuesta partió de una idea sencilla pero importante: no todas las experiencias pueden expresarse de la misma manera. Dibujar, actuar, pintar o construir una historia también puede abrir caminos para reconocer emociones, comunicar situaciones difíciles y generar confianza entre estudiantes, docentes y otros actores de la comunidad. Ese es, precisamente, uno de los fundamentos sobre los que fue concebido el festival.
El bienestar de las juventudes no estuvo separado de la biodiversidad. A través de juegos, audiovisuales, actividades de reciclaje y espacios junto a actores vinculados a la conservación, las y los estudiantes también reflexionaron sobre su relación con el entorno y las formas en que pueden participar en su protección. La propuesta buscó fortalecer una ciudadanía ambiental vinculada a la realidad cotidiana de quienes crecen en el Manu.
Esta mirada resulta especialmente relevante en un territorio como el Manu. Para quienes viven y estudian aquí, el bosque y los ríos no son un contenido lejano que aparece únicamente en los libros: forman parte de su entorno cotidiano. Por eso, hablar de ciudadanía ambiental supone también preguntarse qué valoran de su comunidad, qué quieren proteger y qué quisieran transformar.
Esa reflexión quedó plasmada de manera especialmente visible en los murales colectivos realizados durante el festival. La metodología propuso que estas obras recogieran precisamente aquello que las y los estudiantes valoran, desean cambiar y quieren cuidar en sus comunidades.
Pero detrás de la programación, lo más importante son las experiencias de quienes participaron. En Boca Manu, el arte también permitió hablar del futuro. Delfina Enrique representó en su pintura el proyecto de vida que imagina para sí misma y su comunidad:
“Me siento muy feliz porque en el festival aprendí muchas cosas sobre pintura y dibujo, pero también pensamos en nuestro futuro. Yo pinté una enfermera porque quiero estudiar esa carrera para ayudar a nuestras comunidades, orientar a las personas y contribuir a prevenir el embarazo adolescente”, sostuvo Delfina Enrrico, estudiante de Boca Manu.
El festival no termina con estas jornadas. Forma parte de un proceso más amplio de Horizontes Amazonía, que continuará trabajando con estudiantes y docentes a través del Programa Naturaleza, una propuesta que integra sesiones de aprendizaje sobre bienestar, habilidades socioemocionales y los desafíos de sus territorios.
Los murales quedarán como memoria de lo vivido, mientras que los aprendizajes y espacios de diálogo podrán seguir acompañando el trabajo en las instituciones educativas. Así, el festival se suma a un proceso que busca fortalecer el bienestar de las y los adolescentes y su vínculo con el territorio.

Para John Flores Leiva, jefe del Parque Nacional del Manu, acercar estas oportunidades a las juventudes que viven en zonas alejadas es también una forma de fortalecer sus posibilidades educativas:
“Horizontes Amazonía llega a lugares tan alejados como el Manu, donde existe una gran diversidad cultural. Es una oportunidad para que las y los jóvenes puedan aprender, continuar sus estudios y acceder a nuevas oportunidades desde sus propios territorios”, señaló el jefe del área.
El Festival de Arte, Biodiversidad y Bienestar para las juventudes del Manu se desarrolló en el marco de Horizontes Amazonía, iniciativa de UNESCO Perú en alianza con Fundación Porticus, con FZS Perú como socio territorial en Madre de Dios. La propuesta reunió a servicios de salud, instituciones educativas, actores vinculados a la prevención de la violencia y entidades relacionadas con la gestión y conservación del Manu.








